En el dorso de su mano izquierda se tatuó un SÍ.
El día que lo decidió empezó su vida.
Antes,
era todo de los otros.
Un padre militar que le corregía hasta la manera de cortarse las uñas.
Una madre a la que nunca le gustaban ni los amigos ni las novias ni nadie con quien él se relacionaba.
Unos hermanos distantes y muy parecidos a la madre y al padre.
Siempre fácilmente humillado, amedrentado, coaccionado, insultado, menospreciado, manipulado.
Siempre que lo aniquilaban lo justificaban con un "si es por tu bien".
El final de esta historia está muy claro.
En una de las muchas cenas familiares donde todo debía ser perfecto y asquerosamente artificial, a él se le ocurrió hablar sobre la posibilidad de abandonar la carrera de medicina, porque no le satisfacía, y la sangre le acojonaba, tanto, que en cada una de las prácticas se había caído redondo al suelo.
El padre y la madre se miraron y los hermanos y los padres se miraron, y todos giraban la cabeza al unísono gesticulando un NO, (este muchacho no sabe lo que dice).
La cena siguió su curso. Ya en los postres volvió al tema, diciendo que se había inscrito en un curso de jardinería, que llevaba ya unos meses y que le apasionaba.
El padre, la madre y los hermanos miraban el flan de huevo sin dar mucho crédito. No sonaba ni la cucharilla en el plato.
-Estaba todo riquísimo mamá pero, voy a saberlo todo sobre las azucenas y sobre las magnolias, y sobre las orquídeas, y sobre los jacintos, y sobre los crisantemos, y sobre los lirios, y sobre las amapolas, y sobre todas las putas flores. Y voy a pasar de la sangre y de las heces y de los orines, y de los mocos y de las putas lágrimas.
El padre y la madre y los hermanos se limpiaron con la servilleta de tela muy bien planchada y se echaron a reír todos juntos, robotizados, igual que en una coreografía, volviendo al giro de cabeza del NO, (este muchacho no sabe lo que dice).
Empujó la silla con las piernas alejándola hasta la pared y chocando contra una pequeña vitrina llena de figuritas de porcelana. Se agachó y agarró a un angelito que se había decapitado en la caída. Lo puso sobre el mantel y lo trituró de un puñetazo a la vez que decía: SÍ.