486. Mi poema


Mi poema va y viene como ese olor a hierva recién cortada en una tarde de verano.
Mi poema es intermitente como esa línea de carretera.
Mi poema llueve como en primavera, a chaparrones.
Mi poema respira escondido detrás de la puerta.
Mi poema en ese cajón con tantas llaves.
Mi poema entre los dientes.
Mi poema pestañeo.
Mi poema un beso.
Mi poema tuyo.
Tú poema.

485. Incandescencia dorada


Incandescencia dorada,
una sola vela en la habitación.

Toda la oscuridad en las paredes.

En los rincones fantasmas triangulares.

484. Hacer


Hacer, hacer,
hacer,

hacer,


hacer.



Y de repente
sólo el corazón haciendo.

483. Dicen cuando hablan nada


Dicen cuando hablan nada
las lenguas pálidas de bilis.

Difícil caminar
con paso firme y erguido
los huesos
todos
de talco.

Duelen las flores en los pies
acostumbrados a las brasas.

482. Escribir un poema

Escribir un poema es meter la mano por entre las estrellas de un cielo encendido de telarañas y arrebatarle su sentido para aniquilar lo imposible.

481. He sido el miedo

He sido el miedo
arañando por dentro mi piel entera.

Zarpas, colmillos, hierros incandescentes.
Tenazas, sierras, alicates oxidados.

He caído en el negro del fondo de la chistera.
Y ni palomas, ni conejos, ni flores plegadas.


Exclusivamente taxativo.
He sido.

480. No perder el olvido

No perder el olvido
no olvidar el infierno.

No ser más
cuando pase la muerte.

No ceder al cuerpo
sus caprichos.

No mirar luego a otra parte
no partir hacia otro lado.

479. Así no

Así no
ni tampoco así.

Ajuste preciso
exacto error
bendita desarmonía.

Duele daño
herida abierta siempre
para en ti a mí.

No entender el poema
ni sentirlo.

Escucha que sedimenta.

Mañana sí
así mañana sí.

Así no
ni tampoco así.

Mañana comprender
el poema
su manera de dolor.

478. Zas

Zas.

Y llegaste.

Ahora en plural
las cosas y los pasos.


Yo
que me creía muy mío
cuando era todo nuestro.

477. Si yo pudiera hacer algo

Si yo pudiera hacer algo para ser aquel.
Si pudiera ser aquel.
Si ser aquel.
Si aquel.
Sí.

476. Esa parte

Esa parte de mí. Esa parte que tú.
Esa parte toda.

Esa parte también.

Parte de la muerte entera.

Esa muerte.



Esa muerte de mí. Esa muerte que tú.
Esa muerte toda.

Esa muerte también.

Muerte de la parte entera.

Esa parte.

475. Qué poco alto es el pico más alto de la tierra

Qué poco alto es el pico más alto de la tierra.
Yo te quiero más.

Donde yo te quiero no hay estrellas que relucen.

Hay un cielo blanco con pequeños agujeros negros.

Si somos dos gusanos de seda en una caja de cartón 
y nuestro Dios tiene siete años 
que recoge hojas de morera.

474. De la noche me quedo

De la noche me quedo
su goteo negro de segundos lentos,

y de ti,

          de ti 

tus dudas.

Tu mirada perdida
cuando no te llego.

473. Nunca nos enseñaron

Nunca nos enseñaron a ver en el otro una aventura.

Siempre la guerra,
a estar en guardia,

                            pero luego el amor.


Nunca nos advirtieron que la confianza
es darle tiempo al otro.

472. La ternura rebosa en su cuenco

La ternura rebosa en su cuenco de porcelana tallada.
Inunda a la rabia.

Aquel paisaje de árbol quemado y hierva muy verde.
Aquel melocotón suave 
sobre tu vientre.


La ternura todo lo empapa.
Ahoga a la crueldad.


Este gesto mío
reflejo del tuyo noble.

Ese beso no dado
florece en deseo indomable.


Lo que no se tiene nos pertenece.

471. Te he visto llorar

Te he visto llorar
y no era por mí.

Entonces te he abrazado pidiéndote permiso,

como si yo pudiera llorar por ti
tus penas

y tú abrazarme a mí
sin permiso.

470. A veces soy sangre antes que bosque

A veces soy sangre antes que bosque
y me disfrazo de hierba,
pero siempre el rojo me delata.

469. Tu camino

Tu camino no es uno en concreto,
sino un fragmento del de todos nosotros.

468. Se trata de inundar

Se trata de inundar al mundo entero
con la levedad de una simple sonrisa.

El peso de una mariposa basta
para hacer rebosar a la belleza.

467. Siempre habrá un trocito de cielo

Siempre habrá un trocito de cielo que te mire con mucha ternura.
Sigue tú mirando a los árboles y todo irá bien.

466. He visto a pájaros haciendo nidos

He visto a pájaros haciendo nidos
con los despojos de un hombre libre.

465. He construído varios mapas

He construído varios mapas antes de dar contigo.

Y ahora que vivo en ti,
a tu tierra,
arada con caricias
le nacen mañanas tibias.

Eres un país
done se vive desnudo
sin pasar frío.

464. Por entre las hojas

Por entre las hojas del árbol
tu silueta bailando.

Por entre ellas,
por entre tus hojas
           
            el árbol.

463. Agarrar

Agarrar la vida y no caer,
o aprender
construyendo
cada uno su mundo
sin derrotas ajenas.

462. Ya pueden

Ya pueden talar todos los árboles, abrir todas las ventanas y tirar las vallas y parapetos.
Ya pueden anular todos los obstáculos y abrir todas las cárceles.
Que si tú no ves la libertad es que no la contienes

461. Y yo

Y yo
que pensaba que te habías ido.

Si soy yo
el que nunca estuvo.


Acaso coincidimos
un par de veces
en un año entero
por ese pasillo.

Y yo, si soy yo
coincidiendo.

460. Y no habrá madera

Y no habrá madera donde tallar tu nombre
porque todo arderá al nombrarte.

459. La belleza

La belleza,
                entonces,

deberá sonar
como la voz vertida en un pozo.

458. Soy de los que se emocionan antes de vivir

Soy de los que se emocionan antes de vivir.

Me imagino antes de nacer con muchas ganas de ser, y de llegar a este punto donde escribo esta nota.

Será entonces que sí
que la vida se pronostica.

457. Una vez le dije a mi padre que le quería

Una vez le dije a mi padre que le quería,
que le quería mucho mucho.

Luego fue más fácil todo,
y pude enamorarme de un hombre
y tener un perro.

456. Se construye el mundo

Se construye el mundo
sin nosotros
estando nosotros juntos.

455. No me sacio

No me sacio.
Nada me ocupa.

Parece ser que mi espacio
ha incorporado lugares más amplios.

De repente me expandí
y mis adentros parecen pelusas desordenadas.

454. Compartir un guante

Compartir un guante.

Tan sencillo como buscar siempre una talla más,
para el que venga a quedarse,

aunque sea un rato.

453. Y somos música

Y somos música.

Ruidos que vibran en cuerpos que jamás se tocan.

Es el ansia de estar dentro
lo que provoca al beso mojarse.

452. Se quemó

Se quemó este amor,
apagando el fuego la marea.

Se mojó este amor,
secando tinta tus palabras.

451. Universo

Poema de un único verso.

Universo.

450. Está la poesía ahí sentada

Está la poesía ahí sentada 
esperando a que la saques a bailar.


Con estos dos versos.

449. Me he pensado sin miedo

Me he pensado sin miedo.

Todo era borroso
y el cielo

               -tan cerca.

448. De nada te ha servido la muerte

De nada te ha servido la muerte.

Nada has aprendido.

Y tú, empeñado.


Moriré yo antes sin haberte vivido.

Yo, que no la busco.

447. Cuando el reflejo se diluye

Cuando el reflejo se diluye,
y el movimiento del agua
baila nuestra imagen,

es el momento de crear
la manera de ser vistos.

446. Todo lo que sé

Todo lo que sé
                       no vale 
todo lo que duele.


Te seguiré amando como sé.

Te dolerá.

445. A veces

A veces me pongo los cascos y subo el volumen. Entonces todo parece un videoclip y mis ojos, miren donde miren, siempre ven escenas que parecen encajadas a la perfección bajo el ritmo de la música que suena.

A veces barro y friego y limpio el polvo de mi casa y ordeno los cajones, y encuentro la pluma que me regaló mi madre, que era de mi abuelo paterno al que nunca conocí. Y como la pluma no tiene tinta escribo "invisible" en mi mano.

A veces enciendo la televisión a la hora del telediario y la sopa huye del plato y los filetes de pechuga de pollo desaparecen bajo el empanado.

A veces no duermo en toda la noche. Aún con sueño. Me esfuerzo en no dormirme por temor a perder horas de trabajo. Y a veces intento dormir cuando no tengo sueño, porque dicen que hay que dormir ocho horas. 

A veces escribo sin ninguna expectativa, es entonces cuando hago la mejor poesía.

A veces pienso que los lácteos hacen daño al organismo y decido no comprar más queso ni más leche ni más natillas ni yogures. A veces pienso esto, pero nunca lo he hecho.

A veces te quiero tanto que la implosión es inminente. Y los volcanes me envidian.

444. Dejé olvidada aquella semilla

Dejé olvidada aquella semilla.

Luego.

Tú quisiste desenterrar un árbol.

443. La noche empieza en el bosque

La noche empieza en el bosque.

Ola negra que engulle huecos y sombras.

Cuajada de asombros y músicas lentas,

acude la noche
que empieza en el verde
y termina en el blanco de tu cama.



El bosque ya negro
cruje y habla

de tu inmensidad
y sangre limitada.

442. ¿Falso disimular?

¿Falso disimular?
En el disimulo hay conciencia y control.
Está el personaje que mueve a la máscara.
No es falso tararear y decir que uno no se sabe la canción.
La letra, a veces, poco importa.


No digas jamás
que nunca podrás
morder un cuerpo que no te gusta,
porque ya lo hiciste muchas veces.
Di que no te gusta
pero que igual muerdes,
por hambre.

No me mientas
porque tú no te mientes,
y yo quiero saberte entero,
tal cual crees
y te eres.

Que no lo eres.
Que no eres falso.
Que no.


Que esa capa negra con la que sales a bailar es por el frío.

Sólo eso.
Tampoco un disfraz.

Tampoco falso el disfraz.


Dentro habita lo desnudo
y eso se sabe. Los cuerpos se visten por el frío,
el disfraz,
el disimulo,
no por lo falso.

Y dentro,
más adentro de lo desnudo;
y los huesos blancos,
y el tuétano. Y el alma,
¿dónde el alma?

441. La poesía que intento

La poesía que intento es conciencia y destello.

Estrella sin puntas.

Puntito de luz.



La poesía que vierto es agua fresca y fresa.

Sol que no quema.

Melocotón.


La poesía que soy es llana y horizonte.

Flor silvestre.

Brizna dulce y verde.

440. Por qué no perder el tiempo

Por qué no perder el tiempo,
dejárselo olvidado en el cajón de la mesilla
junto al despertador
vacío de pilas.

Por qué no recordar que esta vida
es un invento
un juego
la mentira más grande jamás imaginada.

Por qué no pasamos de una vez por todas
de todo aquello que nos interrumpe el sueño.

Estamos locos si creemos que mañana
llegará alguien o algo que haga de todo esto
un asunto real.

Nada de nada pasará mañana.
Pero te cortarás un dedo troceando un tomate.
Y todo volverá a empezar.

Es el dolor entonces.
Es él.
Él se encarga de hacer sonar
la risa.

439. Ya no estás

Ya no estás,
ni cuando regresas.

Y al volver 
tu abrigo se dobla solo 
y tus pisadas no suenan.

Ya no estás,
ni cabes en mi espera.

Quédate,
ya da igual,
hace tiempo.

438. Todo se muere en la muerte

Todo se muere en la muerte.



Besar con ganas de lobo
las fauces de la vida.


Hay una posibilidad de no tener miedo:
olvidarse del dolor,
buscándolo en cada latido del corazón que duerme.

437. Ya está hecho

Ya está hecho.

Hecho que ya no sirve.

Sirve lo que a de venir.

Antes sí vale.

Sin hacerse.

Pero hacemos

para hacernos

para valernos.

436. En el color de sus ojos

En el color de sus ojos
una isla hundida.

En su primer beso
sabor desierto.

Craqueló entera la piel de la boca.

Desde entonces
no vuelan pájaros
                            y los horizontes

perfiles de sierra

cercenan el cielo.

435. Este frio hará de mí un silencio

Este frio hará de mí un silencio
gota a gota.

El verano tan lejos
y tú aquí
abrazándome
sin decir nada.

Es un frío
de vidas paralizadas.

Bombea sangre escarchada
el corazón helado.

Di algo en este abrazo,
di

al menos
me iré cuando ardas.

434. En un segundo

En un segundo
la ola se traga el castillo
y el nido cae de la rama.

En un segundo
el castillo habita en el mar
y la rama es puente para hormigas.

433. Que sane a todos el alma

Que sane a todos el alma.

Un poema
no una medicina.

432. Hay veces que soy tan feliz

Hay veces que soy tan feliz
y tan abierto
y tan blando

que cuando llueven piedras
hago con ellas una montaña.

En la cima veo que el horizonte se curva
                                                 
                                                                 derramándose.

431. Tenemos un plan

Tenemos un plan
sin mapa.

Una meta 
sin muerte
y una muerte sin fondo.

Tenemos unas ganas tremendas
de parar al mundo
y caminar en su borde.

Necesitamos estar perdidos 
para flotar y
sentir el peso de nuestro cuerpo
sobre otro cuerpo.

Tenemos ganas
de llegar,
                         a dónde.

430. Entró en el cine tanteando butacas y cabezas

Entró en el cine tanteando butacas y cabezas
hasta que llegó a la pantalla
donde besó los labios iluminados del actor secundario.

La gente lloraba de felicidad al comprobar
que lo real
siempre es más cine.

429. De pequeño intentaba mover objetos con la mente

De pequeño intentaba mover objetos con la mente.
Enseguida me di cuenta de que ese no era mi don.
Lo supe un día que,
sin motivo alguno,
sonreí a un desconocido.

428. Que no de pereza jugar

Que no de pereza jugar,
que todo va
aún sin nosotros.

Hacer que sí.

Que el sí aflore
incluso negando a la muerte

que llega cuando ya hemos muerto.

Mucho antes de todo
hay que jugar,

para no perder.

427. Vengo


Vengo lleno de piedras que flotan,

            soy un arcón que atesora
            las entrañas de un volcán.

426. Volverás como si nada

Volverás como si nada para abrazarte como si todo.

            Estamos en el cero o comenzando.

Siempre
             inventando recuerdos.

425. Despacio difumina

Despacio difumina
el cielo las nubes.
Rápido vuelvo a ti.

424. El naranjo del patio

El naranjo del patio
revienta el aire
con azahares blancos.

423. Es conmovedor

Es conmovedor ver pasar de largo a una sombra herida
y no poder abrazarla.

422. No sé

No sé si es sed
o sólo la sal
de aquel beso.

421. Se llora de niño

Se llora de niño el dolor que sangra

luego ya

uno llora por todo, sin dolorse

mirando cicatrices.

Son llantos idénticos
pero en el primero llueve.

420. Las trenzas a las agujas del reloj

Las trenzas a las agujas del reloj
y el nudo en la garganta.

Somos
por poco tiempo
                          habitantes de un planeta plano.


Y sin tregua.

419. Lo imprevisible acude

Lo imprevisible acude 
cuando la posibilidad es olvidada,
cuando hace sol 
y vamos de la mano 
paseando hacia ningún sitio.

Lo imprevisible no suena
si pronuncias mi nombre
en medio de un silencio ausente.

Lo imprevisible ocurre
cada mañana
sobre el resto del día.

Lo imprevisible late
en el medio del miedo.

418. Que la materia no muere

Que la materia no muere,
que se transforma.

Que un árbol siempre será
                                         cuna y féretro.

417. Cómo amarga la ausencia de sombra

Cómo amarga la ausencia de sombra.
Qué dulce es el fruto del llanto.
Cuán raro es el mundo este,
donde cada cuerpo
reclama presencia.

416. Sus ropas pesaban más que el barro

Sus ropas pesaban más que el barro
y caminaba arrastrando los pies
arando asfalto.

Luego abría la puerta de su casa
y se desplomaba.

El gato
a lametazos
le hacía una herida en la punta de la nariz.

Esta imagen nos habla de un hombre que no sabe llorar.

415. Rezuman desde tu alma


Rezuman desde tu alma
palabras de socorro.

¿Cómo auxiliarte
si no poseo sombrero de copa?

414. Aún queda inventar

Aún queda inventar
la palabra que dibuje el amor
que siento por todas
y cada una de tus posibilidades.

413. También los árboles

También los árboles harán su poda
si nuestras ramas
tapan el sol.

412. Todo crece

Todo crece,
incluso lo ya muerto
aumenta en la memoria.

411. Sigue empeñado

Sigue empeñado
el beso de verano
en volver a tu cuello.

410.

Escucha, tengo un secreto:

Hace ya mucho tiempo que hemos muerto.
No te alarmes, no dolió, no hubo lamento.

Ha pasado ya tanto tiempo
que quizás no recuerdes.

Juro que no invento.

Fue una mañana de invierno,
desayunábamos en la cama,
y silbaba el viento
una melodía naranja y tostada.

Al café,
azúcar de almohada.


Tranquilo, no hay razón triste.
La muerte no es diferente de aquello.
Todo sigue igual
menos los besos,
que ahora son nuestros.

Aquella mañana, sencillamente,
nos hundimos colchón adentro.

409. Y conocernos

Y conocernos como las paredes
de aquel rincón donde nos lanzábamos
miradas de fuego. ¿Y si calentamos
ahora aquel recuerdo? Dime: ¿puedes?

Me harías tan feliz con tu regreso
que sería un hombre nuevo, entero.
Dime si es posible que sea en enero.
Esto se corta. ¿Me oyes? ¿Qué era eso?

Y el coche contra ese árbol se estampó
de aquel horizonte segado por el cielo.
Tres de diciembre. Ocho de la tarde.

Él, suspendido ya sin sol se quedó.
Tanto recordar que deshizo el hielo
de aquella carretera. Y el alma le arde.

408. Noche de pozo negro sin agua

Noche de pozo negro sin agua
que la luna ni mira,
por miedo al eco
de su voz repetida.

Noche de piedras grises lanzadas
clavadas en el aire 
cual charca de barro.

Noche de telón apolillado
deshace la escena:

Un niño con miedo en medio de nada.

Noche negra piedra.
Noche sin techo.
Noche aterrada.
Noche sin niño
y con miedo.

407. Si escribir un poema es doblar las ramas de un árbol sin partirlas

Si escribir un poema es doblar las ramas de un árbol sin partirlas,
entonces, bien.

Si escribir un poema es hacer del que lee
un globo de helio que se pierde arriba,
en el azul,
entonces, bien.

Si escribir un poema es robar a la chistera
su doble fondo,
y hacer libres a los conejos y a las palomas
y a las flores trasplantarlas en el bosque,
entonces, bien.

Si escribir un poema es limpiar legañas, abrigar al niño
con un abrazo de madre
aunque seas la vecina,
entonces, bien.

Si escribir un poema fuera posible,

ya hubiera sido,


y entonces.

406. Y cuando todos los lugares sean sagrados

Y cuando todos los lugares sean sagrados.

Caminaremos descalzos
unidos a la misma piel

               que el fuego tiñe.


Algo más que una idea
es aquello que piensas

              a través del deseo.


La misma sombra para todos los árboles.

             Y ya sin excusas
              para descansar.


             Escucha tu voz.

405. Somos poca cosa

Somos poca cosa.

Tan poca como el tornillo de una bisagra.


Nadie tiene por qué reparar en nosotros
salvo la ventana que se abre para inundar de luz

             la estancia.

404. Estamos a salvo

Estamos a salvo.
Nos creemos que estamos a salvo.

Por dentro rugimos.
Por dentro somos niños.

Estamos disfrazados.
Nos creemos el personaje.

Cuando estamos solos podemos ponernos tristes.
Cuando no hay nadie somos pregunta.


Coger de la mano al primero que se cruce y contarle nuestro conflicto: pedirle solución; acometer.


Estamos en peligro.
Nos creemos que estamos en peligro.

Por fuera besamos.
Por fuera somos muy antiguos.

Estamos desnudos.
Nos creemos el personaje.

Cuando estamos acompañados podemos ponernos alegres.
Cuando hay alguien somos respuesta.


Coger de la mano al primero que se cruce y contarle nuestro acierto: pedirle abrazo; acometer.

403. Pienso cosas

Pienso cosas.

Algunas nada buenas.
Y me pongo muy triste por ello.

Es que se me cuelan,

tengo abierto el cráneo desde ayer.


Un niño muerto y otro pegando patadas al cadáver.


Es difícil ahora hablar de flores
 y de soles
   y del mar con sus olas bonitas.

Es más fácil poder creer que el mundo se nos derrite.


Ya da igual que tú me quieras o que yo te quiera.
Ya el amor da igual.

Se me cuelan las cosas malas.


El niño muerto desaparece.

Las patadas quedan.

Duele más el dolor que ya no duele.

402. El corte de un papel en el dedo

El corte de un papel en el dedo.

Herida diminuta y perfecta 
escondida entre la huella y el tacto.

Así fue aquel 
mi único beso.

Y todos los golpes llegan
recordando el dolor sordo,
que por agudo,
uno calla.

Heridos con muy poco.
Tocados y hundidos.

401. El miedo

El miedo 
es
no ver donde uno cae.

Perderse el camino que dibujan las hormigas.
Y las caras de sorpresa en las piedras.

El miedo
es
antes de lo ocurrido.


Si me caeré.
Si no podré levantar.
Si no sé.
Si quizás.

El miedo
es 
posibilidad
y derrota 
ante lo que uno debe enfrentar.

Mi miedo:

                hacer tropezar al que me teme.

400. Pureza desmayada cual paño de hilo

Pureza desmayada cual paño de hilo
sobre tallo de árbol tierno
recién florecido.

Primavera de hielo tibio,
sobre el lecho punzante
de un amor antiguo.


La pureza no dura más que un chispazo
entre dos piedras.

Perseguimos fuegos.


Se llena la boca
y el alma
                se vacía

de besos que no saben
y saben a nada.


Gritemos lo que escondemos
haciendo sonar
la misma melodía.

Pureza desmayada
cual paño de hilo
sobre tallo de árbol tierno
recién florecido.

339. Lograr

Lograr.

La pretensión del equilibrista.

El hallazgo de la sombra


                    por encontrar su figura

y perseguirla

siendo a plena luz

                            la evidencia.

338. Cada vez eran menos las ganas que tenía de salir de la cama

Cada vez eran menos las ganas que tenía de salir de la cama.
Y cada vez comía menos
y respiraba menos.
Y cada vez pesaba menos.

Hasta que se hizo hilo de sábana.

Comprobó entonces las posibilidades que otorgaba ser un hilo más de la red tejida,
y quiso de nuevo
pertenecer al mundo.

337. Cuando duele hay vida

Cuando duele hay vida.

Abre la puerta a tu enemigo y habla con él.

Somos espejos rotos
reflejando fragmentos del universo.




Érase una vez un "érase una vez"
que no sabía como empezar a ser.

336. Atrapar

Atrapar al mar.



En el jardín labrado de tu huella
un grano de arena de playa.



En tu mejilla
una lágrima haciendo ola.

335. Hoy solo sirvo para mirar una flor

Hoy sólo sirvo para mirar una flor.

Y no hay que servir para nada más.

Mañana tampoco.

334. Las trampas

Las trampas
                   para los que siempre quieren ganar.

Y en el perder

ligero
desnudo
frágil
solo
con nada.

Por fin.

Y en el perder
uno
que va al cero.

Perder
soberbia
maldad
ignorancia
arrogancia
envidia
perder el etc.

Alas
en el perder
casi siempre se gana
crecer
y un poco más de alma.

333. Nos dejaron una casita en la montaña

Nos dejaron una casita en la montaña, en enero. Estábamos empezando a conocernos. Después de tanto tiempo juntos.

Cuando al final encontramos la casa, el sol estaba empezando a caer, los últimos rayos hacían surgir sobre su perfil la pelusa de su cuello. Un melocotón.

Dejamos las maletas en el coche y corrimos hacia el lago, detrás de la casa. Nos dijeron que allí las puestas de sol, más que bonitas eran tocinillos de cielo.

Qué frio hacía y qué guapo estaba con las mejillas rojas y la punta de la nariz fresa. Y sus manos dentro de mis bolsillos, y las mías no sé.

Luego me preguntó, casi sin voz: -¿Por qué me quieres tanto?

Nos metimos en la casa y al abrazarnos el fuego se encendió sólo.

332. La primera vez que nos miramos

La primera vez que nos miramos.

Que allí sigo.

Hace ya muchas vidas.

331. Hoy sólo quiero decirte hola y luego

Hoy sólo quiero decirte hola y luego
por la noche
buenas noches.

Hoy sólo quiero mirarte entre el segmento del día.

Así.

No hay nada más que mirada lanzada a tu vida


y puro regocijo
sobre tu existencia.

330. Recuerdo que cuando te conocí hacía un viento tremendo

Recuerdo que cuando te conocí hacía un viento tremendo. Los árboles se agarraban a las piedras y las piedras tiritaban. El polvo y las bolsas de plástico y las cartas de los amantes volaban por encima de los tejados. Y los tejados se agarraban a las ventanas y las ventanas tiritaban. Mi paraguas salió despedido y se encontró con el ala de un avión, y el avión se agarraba a una nube y la nube tiritaba. Las lunas y los soles daban vueltas y vueltas empujados por ese gran viento que todo azotaba. Y las estrellas no sabían si debían encenderse o apagarse, y todo el firmamento parecía un árbol de navidad con luces intermitentes.

El miedo a perderte.

Recuerdo que pasado un tiempo, el viento se hizo cada vez más suave y ligero. Ya no era viento que azota sino brisa que peina, y las cosas de la vida dejaron de zarandearse. Y los árboles, las piedras, el polvo, y las bolsas de plástico, y las cartas de los amantes, y los tejados y ventanas y paraguas, aviones, nubes, lunas, soles y estrellas, se limitaron a ser sin miedo a perderse.

El valor de seguir juntos.

329. Es fácil decir te quiero

Es fácil decir te quiero.


Te quiero.

Es fácil demostrarlo.


Te beso.

Es fácil abrazar.


Te rodeo.

Es fácil soñar.


Te cielo.

Es fácil acompañar.


Te soy.

Es fácil escuchar.


Te atiendo.

Es fácil estar en paz.


Flotamos.

Es fácil desear.


Tu cuerpo.


Es fácil todo.

Contigo.

328. Todo es nuestro

Todo es nuestro,
sí.

Y nuestro no es de uno.

De uno es

el momento.

327. Quizás no haya nada más extraordinario que vaya a suceder

Quizás no haya nada más extraordinario que vaya a suceder



(Aquí respira)



Ya nunca jamás
en ningún lugar


nada extraordinario va a suceder.



Y entonces

despertemos
y comamos un tomate que estalle

rojo
dentro de la boca

y veamos a nuestros hijos saltar a la comba,
descalzos
despeinados.



(Aquí respira)



Lo extraordinario no será la cura
sino la experiencia de herirnos.


(Aquí sacúdete)

326. Será pronto

Será pronto
sé que será muy pronto.

Vendrás con tu piel a medias
para pedir un perdón
que ya te di

antes de que nacieras
mucho antes.


Yo ya te conocía
y sé que lo harías
sin remedio alguno lo harías.

Y así fue.


(No hay que evitar a los buenos
ni cuando son malos a conciencia

ni hay que recriminar al malo
porque entonces
ya no será jamás bueno.

Hay que dejar al otro en su cerca
y que aprenda a saltarla
y que pida escalera.


Será pronto que vendrás a pedirme de nuevo el perdón que ya te di.

Serás entonces
de nuevo
nuevo en mi templo
y siempre bienvenido,

con piel a medias o entera.

Vendrás
sé que lo harás
te conozco antes de que nacieras.

325. Un gato escalando cortinas

Un gato escalando cortinas
un perro bebiendo de un charco
una oveja con la cabeza bajo una encina
una mosca en el centro de la siesta
una jirafa en el canal 32
un canario reclamando silencio
un gusano en la manzana
un escarabajo pelota
una serpiente de plástico
una libélula dibujada en el cuento
un pony enano
un tigre alegre
una rata de laboratorio
una mariposa tatuada
un colibrí de mil alas
un patito feo gracioso
un armadillo a tinta
un delfín de terciopelo mojado
un caballo con un cuerno
un mono serio
una rana muy verde sobre una mandarina
una lechuza que nos mira
un buitre comiendo euros
una sanguijuela y un murciélago festejando el rojo
un grillo en la maceta del vecino
un mosquito en vez de un café
un elefante cocinando
un dromedario aburrido, mascando chicle
un pez de llavero
una marmota con turno de noche
una lombriz que se niega.

Podría seguir así con todos ustedes.

324. Todo es una reacción química

Todo es una reacción química,
¡maldita sea!

Pero a veces somos también silencio.

323. La inspiración es un perrillo hambriento

La inspiración es un perrillo hambriento
y el pan que más le gusta
sabe a libertad.

No hay collar.

Perrillo callejero que se acerca
para morderte los bajos del pantalón
que se mea en la esquina de la casa de la vieja que grita:
¡qué asco de perro!

Perrillo con tres pulgas y malos pelos
que duerme entre cartones
y en verano
sobre el suelo.

No hay jaula.

Perrillo que no trae palo
que no
que este perrillo no juega
ni esconde huesos.

No hay doma.

La inspiración es este perrillo hambriento
y la caricia que más le gusta
es tu atención.

322. Me conformo con un beso lanzado a distancia

Me conformo con un beso lanzado a distancia 
desde la ventanilla de un tren en marcha.

Yo luego regreso a casa 
y duermo en la esquina de la cama
y desayuno de pie.

Me conformo con saber que este amor nuestro
es el guión para la novela perfecta.

Y luego regresas a casa
y duermo en la esquina de tu pecho
y te desayuno empezando por los pies.

Me conformo con las idas y venidas
con las imágenes que produce el tiempo dentro de la memoria.

Y luego regresamos
y dormimos 
y desayunamos
y nos conformamos 

amarnos intermitentemente 
para siempre.

Me conformo con un amor de olas y mareas.

321. Hoy veo la vida sin poesía

Hoy veo la vida sin poesía
y es bonita así también.

Es verdad que no brilla tanto
y que no es tan divertida
ni tan intensa
ni tan ¡oh dios mío!

La vida que hoy veo es vida desnuda
vida tal cual,
vida sola.

Gentes que van o vienen o están
sentadas en un banco,
árboles sin regar,
nubes sin formas
ni aires que las modelen,
pasteles en las vitrinas
y ninguno comido,
la papelera llena de basura
y el basurero hablando con un abuelo
que agarra a su nieto que mira a una paloma comiendo gusanitos.

Hoy nada me empuja
hoy nada de nada pasa
ni por dentro ni por fuera
de esta vida de sucesos planos.

Como los muertos del telediario.


Hoy veo la vida sin poesía
una vida que engancha
una vida que atonta en demasía.


Aquí los caballos no galopan
y los gatos no tienen ovillos
y las ranas
antes de ser príncipes ya van al gimnasio.

Desde aquí es fácil todo
menos encontrarte.

320. Esperamos que llueva

Esperamos que llueva
que no haga mucho frío
que llegue la Navidad
que en el siguiente fin de semana podamos dejara a los niños con la abuela
que no se hayan comido el último flan
que la vecina no ponga la radio tan alta
que mi novio no me diga cari delante de mis amigos los modernos
que no se sienten a nuestro lado cuando montamos en el autobús
que no pierdan nuestro equipaje
que no se rompa la bolsa de basura antes de echarla al contenedor
que no nos vean escupir al suelo
que nadie sepa que hemos pegado a nuestro perro y que por eso nos obedece.

Esperamos salirnos con la nuestra
y que los cordones de los zapatos
no nos hagan caer.

Pero lo imprevisible es el aglutinante, no hay duda sobre ello.
Quizás sea lo único sólido y fiable.

Esto no es un poema,
es una oda a la posibilidad de seguir soñando que algún día tendremos el control.

319. De repente el sol se deslizó sobre la recta que dibuja el horizonte

De repente el sol se deslizó sobre la recta que dibuja el horizonte.

Como una moneda de oro sobre el perfil de una mesa.


Un niño sigue imaginado las posibilidades de este mundo.

318. Conectar con el otro

Conectar con el otro.

Con su boca ojos manos pecho piel.
Con su miedo sueños fantasma silencio alma.

Siempre el otro
 ahí enfrente
 y luego dentro o entrando
en el otro.

Que empeño,
en querer al otro,
 en que nos tenga el otro.

Pero si en cada paso hacia el otro nos perdemos.

Pero si cuando encontramos al otro, llega nuestra propia lejanía.

Un otro jamás será amor.
Porque el otro está allí.
A otro se le deja en paz.

Conectar con uno.
Con la boca y las manos y el pecho y la piel de uno.
Con el miedo y los sueños y el fantasma y el silencio del alma de uno.

Siempre en uno
dentro
y luego adentrarse y enterarse
sobre lo de uno.

Ese es el empeño,
en quererse uno
en tenerse.

Pero si en cada paso hacia uno el dos nace ya dentro.
Pero si cuando nos encontramos, se para de contar en el dos.

Uno + Uno = Uno + Uno

El amor es siempre el reflejo del resultado.

317. A lo lejos una montaña

A lo lejos una montaña 
azul 
tanto
que el cielo solapa.


Cerca
una flor 
blanca y pequeña

y las migas de este pan.


Aquí dentro 

calor 
más que en el sol.


Tengo que hablar contigo.

316. Toda la cocina embadurnada de miel

Toda la cocina embadurnada de miel. Que se me resbaló el tarro de las manos, como a un tonto, porque escuché un maullido de gato en el cuarto, y yo no tengo gato.

Y luego tuve que irme rápidamente sin poder limpiar, y ahora no puedo entrar porque la cocina está llena de moscas, mosquitos y abejas.

Pues nada, que preferí hacer como que no iba conmigo y cerré la puerta.

Al cabo de los tres meses, de vuelta de mi viaje por el Pacífico, entré en casa y las macetas seguían vivas, mucho más que eso. Como al vecino se le jodió la lavadora, las goteras ayudaron a crear en mi salón un vergel.
Dejé las maletas en el pasillo. Yo ya ni me acordaba de lo de la miel. Abrí la puerta de la cocina y todo relucía, mucho más que eso. Las moscas, mosquitos y abejas habían chupado todo tanto que hasta las flores del alicatado habían sido borradas.

Nada, yo a lo mío. Bebo agua, enciendo el frigorífico y el termo. Voy a por las maletas, pero ya no están donde las dejé; en su lugar hay un cuadro de Úrculo.

315. Una foto en blanco y negro flotando en un charco

Una foto en blanco y negro flotando en un charco.

Imagínalo antes de seguir leyendo.

Una foto

en blanco y negro

flotando




en un charco.




En la foto se ve a una pareja agarrada de la mano
paseando por una calle.


Una pareja
en blanco y negro
flotando en un charco.









El charco es rojo.

314. A veces me sobra la piel y la distancia

A veces me sobra la piel y la distancia
entre la ola y la orilla.

Sobra la sombra del cristal

que empaño y dibujo

una huella que no acierta.



Sobran los sucesos
y esas ramas secas del limonero

que me impiden verte.

313. No soy de los que cierran la puerta del armario antes de ir a dormir

No soy de los que cierran la puerta del armario antes de ir dormir.
Ni de los que miran debajo de la cama.
Tampoco me asusta lo de la sal en la mesa, ni el gato negro, ni el trece.
Y me hace gracia pasar por debajo de una escalera para mirar el culo de quien está arriba.

Soy muy guarrete, lo confieso,
me gusta observar en el parque a las parejas que se besan.
Luego pienso que es bonito
que es bonito disfrutar viendo a dos
buscándose entre las ropas, 
ya sea en un banco o debajo de un árbol.

Además, luego llego a casa con ganas de besos y arrumacos.
Con más ganas quería decir.

Me gusta
 cederle a la embarazada mi puesto
en el autobús
y en la cola de pagar
 a la abuela
 que sólo lleva una lata de atún,
y mirar como saca de se su monedero cinco o seis euros
todo en céntimos tan pequeños que ni la cajera puede agarrar con sus uñas largas y mal pintadas.

Y todo el mundo tiene prisa.

Los columpios me apasionan pero nunca monto antes de las dos de la madrugada.
Y las cometas,
 aunque sólo he volado una,
 con cara de osito, 
de estas de los 20 duros que compramos en la playa este verano.

Pisar la hojarasca y hacerla sonar siguiendo el ritmo de mis pasos es algo a lo que soy adicto.
Procuro hacerlo a solas porque sino no me sale bien el sonido.

Soy de los que escriben de un tirón y luego releen y se asustan.


Y soy de los que creen que hay dos tipos de personas:
las que son lo que quieren ser
y las que se lo inventan cada día.

312. Y a mí que no me gustan las sorpresas

Y a mí que no me gustan las sorpresas
voy y me encuentro con un bosque quemado
un libro borrado
y una espiga en tu pelo.

Y a mí que no me gusta preguntar
te digo que huele raro
que no sé qué murmuras
y que allí no has estado.


Anduve todo el día pensando en el bosque y en la espiga.


Yo te esperaré siempre
siempre que quieras que te espere
porque yo no sé hacer otra cosa que plantar árboles y escribir libros,
     es lo justo.

Y entre verso y verso
y entre semilla y semilla

voy contando los besos que te consigo.


Y a mí que no me gusta nada contar.

311. La importancia de que se caiga un botón

La importancia de que se caiga un botón del abrigo radica en que habrá que coserlo. Pero cómo no hay hilo en casa, tendremos que ir a la mercería a comprarlo. Allí conoceremos a la persona con la que estaremos durmiendo dos años y medio.

Hay cosas muy pequeñas que nos hacen completar nuestra historia.


Por eso no tires nunca del hilo de un botón a medio caer.
Permítele su momento
para que tú puedas luego exigir el tuyo.

310. Hay un cascabel en el corazón del alma

Hay un cascabel en el corazón del alma
que suena a pompa de jabón.

Y hay también, entre los escombros de los recuerdos olvidados
un tambor sin piel
donde rugen los sueños.

Suena un trueno
aquí dentro.

Será mi hambre
que tiene forma de deseo.


Hoy todo suena y se conforma así
con voz de tronco hueco.

309. En el dorso de su mano izquierda se tatuó un SÍ

En el dorso de su mano izquierda se tatuó un SÍ.

El día que lo decidió empezó su vida.

Antes,
era todo de los otros.

Un padre militar que le corregía hasta la manera de cortarse las uñas.
Una madre a la que nunca le gustaban ni los amigos ni las novias ni nadie con quien él se relacionaba.
Unos hermanos distantes y muy parecidos a la madre y al padre.

Siempre fácilmente humillado, amedrentado, coaccionado, insultado, menospreciado, manipulado.
Siempre que lo aniquilaban lo justificaban con un "si es por tu bien".

El final de esta historia está muy claro.

En una de las muchas cenas familiares donde todo debía ser perfecto y asquerosamente artificial, a él se le ocurrió hablar sobre la posibilidad de abandonar la carrera de medicina, porque no le satisfacía, y la sangre le acojonaba, tanto, que en cada una de las prácticas se había caído redondo al suelo.

El padre y la madre se miraron y los hermanos y los padres se miraron, y todos giraban la cabeza al unísono gesticulando un NO, (este muchacho no sabe lo que dice).

La cena siguió su curso. Ya en los postres volvió al tema, diciendo que se había inscrito en un curso de jardinería, que llevaba ya unos meses y que le apasionaba.

El padre, la madre y los hermanos miraban el flan de huevo sin dar mucho crédito. No sonaba ni la cucharilla en el plato.

-Estaba todo riquísimo mamá pero, voy a saberlo todo sobre las azucenas y sobre las magnolias, y sobre las orquídeas, y sobre los jacintos, y sobre los crisantemos, y sobre los lirios, y sobre las amapolas, y sobre todas las putas flores. Y voy a pasar de la sangre y de las heces y de los orines, y de los mocos y de las putas lágrimas.

El padre y la madre y los hermanos se limpiaron con la servilleta de tela muy bien planchada y se echaron a reír todos juntos, robotizados, igual que en una coreografía, volviendo al giro de cabeza del NO, (este muchacho no sabe lo que dice).

Empujó la silla con las piernas alejándola hasta la pared y chocando contra una pequeña vitrina llena de figuritas de porcelana. Se agachó y agarró a un angelito que se había decapitado en la caída. Lo puso sobre el mantel y lo trituró de un puñetazo a la vez que decía: SÍ.

308. Mientras me desnudaba en la habitación

Mientras me desnudaba en la habitación, los visillos bailaban con el silbido del viento, que se colaba por entre las juntas de la vieja ventana de madera. El fuego quería ser manos y tocar mi piel fría y mojada. Había estado corriendo, como cada tarde, y resbalé al pantano por pura distracción al mirar los ojos de aquél pequeño bambi. Un mal paso, una rama seca en la orilla, y al agua, de costado.


La casa oscurecía pronto, a las seis de la tarde, en otoño, ya no se veía ni el pasillo que llevaba a la cocina.
A tientas fui a por un vaso de leche y unas galletas. Y a propósito no encendí ninguna luz. Todo sonaba bonito y misterioso, como en el inicio de una buena película. Tiritaba tanto del frío metido en el cuerpo que hasta mis dientes lo masticaban. Leche al vaso y vaso al micro. Dos minutos. Caja de galletas, tres o cinco migadas en la leche. Cajón. Cuchara. A tientas hacia la habitación, directo al abrazo del fuego. Me siento frente a él mientras engullo la merienda. Pienso en el bambi: sus ojos, sus patas largas y cómicas. Cuánta inocencia albergada, y cuánta precaución. Salió despavorido cuando caí al agua. Sonrío y consigo alcanzar  un trozo de galleta en el labio superior.

Me hubiese gustado poder acercarme a él y mirar las motas de su lomo, pasar mi mano, escuchar su respiración, y ver su hocico húmedo y brillante mientras masticaba flores. Le hubiese preguntado sobre la belleza sin espejos.

307. Quisiera llorar por ti las penas que te pinchan

Quisiera llorar por ti las penas que te pinchan.
Vaciarte los zapatos de piedras
y cepillarte el pelo hasta verte dormido.


Abrirte las puertas
cederte la silla más cómoda
regalarte flores
indicarte la estrella que más brilla
soplarte el cuello en verano
plancharte las camisas sin raya en las mangas
hacerte reír
acompañarte al cine
bucear muy hondo y traerte una caracola que suene a corales y delfines riendo
caminar a las tres de la tarde en agosto
               en Sevilla
               para comprarte aquel helado de turrón
y chuparme las manos
pensando en tu lengua.


Quisiera llorar por ti las penas que te pinchan.
Vaciarte los zapatos de piedras
y cepillarte el pelo hasta verte dormido.


PD: 

Soy uno más
 amando.

Sencillamente el amor tiene una configuración determinada.

306. Una vez maté a una golondrina

Una vez maté a una golondrina. Era tan negra que era casi azul. 

Entré en el granero. 

Al abrir la puerta el haz de luz la enfocaba como a una estrella del trapecio. 

Cuando quiso irse yo quise atraparla, 
y alcé mis brazos,
y la golondrina chocó contra mis manos y calló al suelo, 
a mis pies 
y entre los granos de maíz.

Ahora
la golondrina negra casi azul, 
y roja su sangre en el amarillo del suelo,
y la luz entrando

era la Escena.

Lloré hasta hacer brotar algunas semillas del granero,
pero la golondrina no alzaba su vuelo.

La tomé en mis manos y pensé en ellas.

No pude entender como mis manos de siete años
fueran tan muerte y tan duras.

Quise acariciar sus alas y su cabecita
quise sólo darle de comer pan migado en leche y azúcar.

La enterré sin decir nada a nadie
debajo de un limonero.

Y ahora, 
cada vez que veo amarillo
veo el negro casi azul
y un rojo que brota
de muerte
y de la muerte de mi inocencia.

Ya no quiero alzar mis brazos para tocar a nada que quiera irse.

305. Hoy todo se agolpa como en un trastero pequeñito

Hoy todo se agolpa como en un trastero pequeñito.
Y hoy quiero lo que hay en el fondo.

Salto maletas y cajas
y piso un muñeco sin cabeza
y me subo a un baúl cerrado.

Escalo una estantería y me golpeo con la bombilla en el ojo.

Medio ciego sigo a tientas
toco un abrigo de piel que parece un animal dormido
y luego el mantón de mi abuela
y resbalo y me caigo encima de una bolsa llena de pijamas que huelen a invierno.

Logro llegar al fondo
no recordaba el disfraz de indio de mi hermano
ni las dos sillas que le dije a mi madre que le iba a tapizar con una tela muy bonita
de flores rojas.

Quiero la caja esa de zapatos donde yo escondía las cartas que él me escribía.
Necesito hoy recordar aquello que no pudo ser.

Hace tanto tiempo que dejé de creer que el amor duele
que seguramente esas cartas
si doy con ellas
estén escritas en otro idioma.

Rezo para no entender ni una palabra.

304. Amarte es mirar un copo de nieve

Amarte es mirar un copo de nieve con un microscopio de infinitas lentes. Este amor nuestro siempre crece hacia dentro, como raíz de árbol sediento. Por eso escribo esta cosa que hay que leer haciendo descansos entre letra y espacio. He intentado regalarte un poema, pero sólo me sale la cáscara. Discúlpame como siempre lo haces cuando no sé.

Y ya que no puedo, aún no puedo, regalarte nada tan inmenso que refleje esto nuestro; permíteme decirte simplemente que te quiero, que te quiero mucho. Que te quiero sin adornos. Que te quiero porque sí y porque quererte me sana todas las vidas.

A tu lado soy invencible.
Ya lloraré luego, cuando no me veas.

303. Mírame

Mírame
de frente
a los ojos de mis ojos.

Te quiero.
Del verbo amar.
Del amar necesitando.
De la necesidad absoluta de querer amarte.

Mírame
por dentro
al corazón de mi corazón.

Ya no sé qué más puedo hacer para que sepas lo todo que eres en mí.

302. Hoy es un día de esos con muchos agujeros

Hoy es un día de esos con muchos agujeros
por donde se le cuela a uno toda la sangre
y ha de caminar con los ojos en blanco
y brazos de sonámbulo.

Hoy tuve una sensación muy pesada.
Esa sensación de botas de agua cargadas de barro
y de día siguiente de barro seco y desierto seco.

Hoy paseé sin perro y sin sombra y sin sol en la sonrisa
porque hoy es un día raro de cojones.

Y hoy me apetecía llegar a la orilla del río y ver reflejada la ciudad del revés para ver las cosas con claridad.

Después
hoy
al llegar a casa
el día comenzó a dejar de ser raro.

Los agujeros se taponaron de tanto coágulo
y los ojos
otra vez verdes
y los brazos se alargaron para limpiar las botas
y llovió en el desierto.

Porque el río dejó de reflejar al pasar
navegando tímido
un barquito de papel.

301. No te escondas tras la máscara de ausencia

No te escondas tras la máscara de ausencia.
Será fácil perderse tras los ojos vacíos.

Las manos atadas sin cuerdas.
En los bolsillos.

El sol se derrite sobre tus hombros
y pesa como un  gran flan de abuela.

En la soledad hay nada y ni tú
y ni yo
y no se puede estar porque no hay soledad en la nada.

Deja caer tu sonrisa sobre un charco.
Deja de hurgar en los bolsillos esa cantinela de monedas.

Nadie tiene nada cuando está escondido.

Si te escondes me faltará algo.
Me faltaré.

Es el momento de iluminar el rincón
y dejar sitio a la araña.

Emerge
como ella su tela teje.


300. Escribir el mismo verso una y otra vez

Escribir el mismo verso una y otra vez.

El mismo
siempre
el mismo verso.

Habrá de ser un verso que no hastíe y no dulce y no demasiado excelente.

El verso que persigo, deberá ser un tatuaje clavado en un sitio escondido,
sólo visible torciendo la cabeza delante de un espejo.

Un verso para sólo el amante o el médico.

Escribir el mismo una y otra vez,
todos los días el mismo,
por las mañanas y por las tardes y por las noches y por las madrugadas y por los sueños y en el café.

El mismo
siempre
el mismo verso.

Verso ven.
Ven a mí.
Aduéñate de mi voluntad.
Cómete todas mis ansias de buscar a otros.
Enamórame con tu cadencia y tu olor a sábana tendida.

Verso
haz de mí un verso infinito y repetido
que suene distinto siendo el mismo,
siempre
el mismo verso.

Escribir este verso como el que abre y cierra la puerta tres veces
o el que se lava las manos dos veces
o el que no pisa la raya de las baldosas ni una sola vez
o el que tiene un tic en el ojo y guiña a los feos y a los guapos
o el que siempre dice lo que no se debe en el momento menos oportuno.

Un verso con el que la tierra se me trague
y con el que pueda florecer
ofreciendoos
besos en vez de palabras.

Porque entre la palabra y el beso
hay millones de kilómetros luz
entre tú y yo.

299. Cosas por todos lados

Cosas por todos lados.
Por todo el mundo cosas que nos hacen tropezar.
Cosas por ahí arriba, flotando.

Basuras que se chocan sin saludarse primero.
Estrellas atónitas que no entienden nada.

Cosas llenas de polvo y olvidadas encima de los armarios.
Fondos de cajones llenos de facturas y resguardos y tickets y cartas de amor. 
Cosas que aparecen sin pasado ni memoria.
Cosas que nos catapultan al quinto pino.
Cosas sin formas, como un trozo de cera pegado a un imán que trae consigo un trozo de llave rota.


Un trozo de llave, 

de llave rota.


Tornillos, chinchetas, el alambre de una botella de champán, y un lápiz sin punta pegado al fondo de la caja de herramientas. Una piedrecita blanca de alguna playa o de un río o de un parque. Una piedrecita blanca de la suerte. 


Pilas más que gastadas, pesetas y un duro, un mechón del pelo de mi hermana mayor y un sombrero de la Nancy.


Gafas de sol sin cristal en un ojo, tijeras sin punta que no cortan ni el papel, agenda intacta del 2000. Mi cumpleaños cae en martes. Jaboncito con forma de rosa, velas de cumpleaños sin abrir. 


Pero un arcoiris no es una cosa.


298. Sandra Carvalho

Era el sol quien hacía de esa sombra un juguete para Sandra.

Aquel tallo que sobresalía por entre las tejas de la casa del norte de Portugal conseguía estremecerla. Se proyectaba justo en la pared que daba a su cuarto y la despertaba cada mañana con un baile imposible.

Cuando llovía y no había sol para la sombra, ella creía que era el tallo quien quería, para crecer y crecer bien alto.

Llovía y Sandra ponía una palangana antigua, de esas de porcelana blanca, para que sonara mientras cocinaba. Cortando con los ojos cerrados zanahorias y tomates y lechugas. Zas, zas, zas, con el cuchillo sobre la mesa. Seguía Sandra el ritmo del agua, del tallo y del cuchillo.

El tallo crecía y crecía
más con la música que con el agua
y mucho más con los ojos cerrados y la cercanía del tiempo.

El tallo se convirtió en árbol dando unos frutos muy dulces y apetitosos que desayunaba cada mañana.

Un día se le ocurrió ir a plantar una de esas semillas cerca de la casa y junto al río.

Hizo un hoyo en la tierra y posó la semilla. Quiso regarla con el agua de lluvia de la noche anterior y entró en casa a por la palangana. Al salir, tuvo mucho cuidado en no derramar ni una sola gota, escuchó un fuerte crujido. Sandra miró hacia atrás y vio que el árbol había caído desde lo alto del tejado, ocupando ahora todo el espacio.

Al acercarse vio que su propia sombra se proyectaba sobre el tronco.

Y entonces bailó.
Y entonces al árbol le crecieron puertas y ventanas, y un columpio.


Era el sol quien hacía de esa sombra un juguete para Sandra.

297. Ese momento en el que se va a caer la bola de helado hacia adentro del cucurucho

¿Ese momento en el que se va a caer la bola de helado hacia adentro del cucurucho y uno abre la boca, toda, y con la lengua intenta subirla pero es imposible?

Como el beso que quise darte.


Luego tu helado empezó a derretirse en mis manos mientras entraste a por una botella de agua en aquel chino.

Yo, en la puerta, esperando y con un helado en cada mano, que me goteaban sobre la camisa y en los pantalones y pies; que vino un perro y me los chupó y tú te reías.

Luego fuimos al río y un pez salió del agua para preguntar que si íbamos a tardar mucho en decirnos que nos queríamos.

¿Recuerdas que nos miramos muy sorprendidos sobre nuestra tardanza?


Entonces todo empezó a ir al revés.
Mis ropas se limpiaron de helado.
La bola subió del fondo del cucurucho.
Y te besé.

296. Una vez casi se me para el corazón de tanta paz que comí

Una vez casi se me para el corazón de tanta paz que comí.

Otra vez me pasó que estaba en la playa y escarbé tan hondo que toqué la cabeza de un niño chino.

Las cosas que me pasan a mí.

Ayer por ejemplo, mientras fui al lavabo para cepillarme los dientes antes de dormir,  me encontré al fantasma de mi padre en el pasillo. Le quise abrazar, pero abrazar a un fantasma es imposible, no sé si lo sabéis. Como son casi nubes coloreadas, no se puede. El caso es que al intentarlo me abracé a mí mismo, y entonces mi padre me dijo, no con su voz, porque los fantasmas no pueden hablar con su voz, siempre hablan con la voz de quien se los encuentra. Bueno, pues me dijo con mi voz: ¡abrázate más,  tienes que abrazarte más! Si todos los días te cepillas los dientes al menos tres veces, abrázate al menos una. No lleva mucho tiempo.

Estas son las cosas que me pasan a mí.

Hoy entonces me he abrazado, ya sin fantasma por medio, y la verdad es que la sensación merece la pena.
Es algo parecido a lo de hacer rebotar una piedra sobre el agua de una charca.


295. Él siempre regresa

Él siempre regresa.
Incluso cuando se va 
                                para siempre.

Nunca pregunto por qué ni dónde.
Él nunca dice otra cosa que adiós
me voy.

Al irse sólo se lleva a Nadie, el gato.
Ni el cepillo de dientes.

He imaginado miles de posibilidades o todas.


La casa cruje y a las paredes se le caen los cuadros
pero yo permanezco en silencio mientras me olvido del reloj.


Él me abraza
al llegar y yo a él. Y nos abrazamos.


No es mejor ni peor mi vida junto a él ni junto a nadie.
Nadie sabe por qué. 

Yo no.

294. Dobló la servilleta de papel varias veces

Dobló la servilleta de papel varias veces.
La mesa dejó de cojear.
El café, demasiado caliente.
Encendió otro cigarrillo pero lo apagó porque tenía nauseas.
Pidió agua al camarero.
El camarero era moreno y alto y guapo. Mucho.

Tragó saliva con dificultad.
Miró el reloj que había encima de la barra.
Sacó del bolsillo de su chaqueta una pastilla y se la tragó con un sorbo de agua mientras miraba al camarero que lo miraba a él.

El café seguía hirviendo.
El reloj seguía dando la misma hora.
El camarero seguía mirándolo.
Las nauseas seguían incomodando.

Agarró otra servilleta y sacó un lápiz del mismo bolsillo donde tenía las pastillas.
Escribió su número de teléfono.
Se bebió el café en tres sorbos.
Dejó dos euros en la mesa.
Se levantó y se fue.

El camarero recogió la taza y con la servilleta hizo una pajarita de papel que regaló a un niño que pidió un helado de chocolate.
La madre del niño vio que la pajarita tenía apuntado un número de teléfono.
A la madre del niño también le pareció que el camarero era guapo. Mucho.





293. Estaba tan cansado aquel día

Estaba tan cansado aquel día, que ni se lavó las manos al llegar a casa después de saludar a su perro como de costumbre, y se echó en el sofá hundiendo su cabeza en el cojín de raso azul turquesa. Cerró sus ojos e inspiró tan profundamente, que su casa entera, junto a su perro, se le colaron por la nariz. Cuando despertó y su casa no estaba, y su perro no estaba, y su cojín no estaba, sintió que había descansado como nunca. Fue a beber agua pero no había frigorífico ni cocina ni fregadero, ni platos sucios. Eso que se ahorraba, pensó. Y se le quitó la sed.

Como despertó y no había nada qué hacer ni a dónde dirigirse, quiso ver si podía contárselo a alguien. Pero no había teléfono, ni ordenador, ni ventana para mirar a la calle y preguntarle a alguien qué estaba sucediendo. 

Bueno, -pensó-, es momento de empezar a saber quién soy. Pero al apuntarse con el dedo el pecho y sentir que no había dedo ni mano ni pecho, y al mirar que tampoco había piernas ni pies, y al comprobar que no había nada de nada de nada absolutamente nada ni nadie, pensó, -eso que me ahorro. 



Ahora es un hombre muy agradable que no se lava las manos cada vez que acaricia a un perro. Primero porque ya no se muerde las uñas y después porque no necesita contarle a nadie que el mundo este es muy raro.


292. Ven

Ven.

Voy.

Aquí estamos
juntos
los dos.

Sí, qué bien, ¿verdad?
Sí. Muy bien.

Pero me tengo que ir pronto.
Sí, muy bien.
¿Quieres que me vaya?

Sí, claro. Tienes que ir a trabajar.
Ya, ¿pero quieres que me vaya?
Todavía no te vas.
Ya, pero cuando me tenga que ir, ¿querrás que me vaya?
Sí.
¿Sí?
Sí.


Y perdieron un minuto de abrazo.
Y así lo empezaron a perder todo.
Minuto a minuto.


291. Cuando me pueda vestir de niebla

Cuando me pueda vestir de niebla
y mi pelo sea musgo
y mis ojos
ojos de luna.

Cuando al caminar siembre
árboles frutales
y mis manos
como redes
limpien los océanos de plásticos y ruedas.

Cuando al respirar
consiga exhalar hierba recién cortada
y suene el chapoteo del pez que mira curioso, fuera.

Cuando acepte que necesito de todos algo.

Cuando te respete,
absolutamente.

290. A veces el otro no está

A veces el otro no está
o la mano de uno no llega.

Y tocar no es fácil.

Sentir la caricia.
Es sentir que se puede.

Se puede llorar de alegría a los 40 años.
Llorar como con 15 a los 40 se puede.

Hay que aprender a desnudarse de nuevo.
Contando otros secretos.

Esto es crecer.


A veces el otro está
y la mano llega.

Y tocar es fácil.

Sentir la caricia.
Es sentir que se ha podido.

Se puede llorar de alegría a cualquier edad
si en cada edad somos lo que nos toca ser.

Lo que toca.
Ser.

289. Algún día tendrá que ser

Algún día tendrá que ser
el día en que nada se diga
porque todo sea ya
pura música de cuerpos volando.

Cuando estemos todos muertos
y miremos a los árboles comerse nuestras casas
y los puentes caigan
y haya que nadar
y mojarse
para ir a la otra orilla,


cuando miremos
                          estando muertos
a las estrellas reflejadas en los ojos de la lechuza
y a la lechuza reflejada en la charca

y la charca llena de ranas cantando nuestro silencio,

cuando ocurra esto
esto de morirnos y ver la vida
en lo que perdimos,
                       podremos descansar

y escucharnos
           
                       entonces.




288. Hoy quisiera

Hoy quisiera:

besaros a todos
con lengua larga y fresa.

Secar las penas 
y mecer al mundo entero.

Borrar las guerras y las cruces.

Los hábitos
teñirlos de azul 
y remendar el cielo con ellos.

Liberar a las jaulas de sus puertas y candados.

Hoy quisiera:

Que nadie pudiera pensar penas.
Pensar juntos 
la misma cosa hermosa.

Todos a la vez
un solo pensamiento sobre la tierra
tan redonda y tan montaña y tan nube y tan lava.

Todos a la vez respirando juntos el mismo aire.

Y todos a la vez.

La misma cosa que esperamos.

¿No será que todos y cada uno de nosotros
estamos muy solitos
muy dañados
muy escondidos
y muy enfadados por no saber quiénes somos?


Somos la misma cosa
respiramos el mismo aire
y bebemos el agua misma
la misma que desde siempre.

Agua que fue lágrima y río y sudor y mar 
y agua que lavó cuerpos una y otra vez
y agua fresca y agua evaporada
y agua hielo prehistórico derretida y bebida
otra vez
y otra vez
la misma cosa
el mismo agua.

Todos a la vez la misma cosa.

Hoy quisiera haceros cosquillas y alzaros como a un bebé.



287. Billy MacGregor

Con alas de tinta y silencios verticales
que se clavan en las nubes,

Billy camina arrastrando un carro de sombras.

Él entero es una ciudad que no duerme.

Sus chicas siempre son bonitas
porque él las mira con sus ojos bonitos
del corazón bonito que tiene.

Billy es capaz de vivir tres vidas en un detalle,
como tu lunar,
aquel que te parece feo
él lo haría noche estrellada.

Vive tanto y tan dentro
que no tiene huesos
sino profundidades fractales.

Miras y miras y miras siempre la misma cosa: sus ganas de paz.

Estoy seguro de que es un tipo muy duro,
y de que sus lágrimas, abundantes,
tienen forma de letras antiguas,
tan antiguas que son letras de piedra tallada y pulida.

Billy conmueve de tanta verdad que exhala
y no es humo de cigarro esa niebla
sino tela que cae frente a un público que espera
que lo espera.

Tierno Billy
un chico duro que persigue tormentas
para luego jugar con charcos.

286. A veces la sangre me pesa tanto

A veces la sangre me pesa tanto
y es tan densa
y va tan lenta
y no es roja.

Como el cemento armado.

Y no puedo ni tan siquiera
tragar saliva
porque se ha convertido en polvo
la boca entera.

   
     Hasta la lengua es de corcho
     y los dientes
                        de talco.

Me pasa cuando estoy cansado de soñar
que las montañas no tienen cima,
cuando no soy capaz de pelar
una manzana de un solo trazo.

O cuando me equivoco al saludar y digo gracias en vez de hola.


El aire

en estos momentos
no mueve las cortinas

las empuja de mala gana.

285. Sin nada que decir

Sin nada que decir y con ganas de escribir es difícil hacer poesía y fácil divagar. Pero el deseo es el deseo y ya no me paro. Decidí obedecer para obligarme a vivir.

El deseo es un empujón, un puntapié, un mordisco en la nuca que hace de los pelos tildes que le subrayan y enfatizan.

Hay pruebas irrefutables. El deseo es siempre blanco o negro. Luego ya uno habla con uno mismo y entonces sí, se mezclan las cosas y es gris.

- Entonces sin nada que decir: ¿cómo poder hacer poema que llegue?

- No, así no funciona esto. Si uno piensa en el deseo, el deseo desaparece o se transforma en pensamiento. Y pensar el poema, es como pensar el beso. Claro, que hay quienes besan como en las películas, porque su deseo no es el beso, sino su representación; la estética del beso. A mí no me interesan los que se miran en el espejo mientras follan.

Bien, perdí el deseo porque empecé a pensar en él.
Retomo.
Es fácil.
Tanto como mirarse en un charco y no sonreír.

Pero se trata de no poner cara de tonto. Sino de encontrar la curvatura justa de la boca.

A veces pasa, y detrás de una sonrisa fingida se esconde una carcajada auténtica.

Es el ánimo entonces, la actitud ante las cosas, lo que denota la apertura ante el deseo.

Me perdí de nuevo.
-Deja el poema para otro momento.
No. Quiero hacer un poema que rompa los dolores de este mundo raro.
-Eso es imposible.

Me permitiré entonces
simplemente
                    desearlo.

284. Llegar a tu corazón

Llegar a tu corazón
y hacer fiesta.

Luego dejar el cuerpo doblado encima de una silla
y dormir
para siempre ya
y juntos.


283. Horneo


Horneo

cada mañana

junto con panes y dulces
            los besos que te consigo.

282.Aún me sangra el entendimiento


Aún me sangra el entendimiento
            hoy por hoy sigo siendo el mismo,

un hombre herido.


Mañana mismo iré a verte,
veremos si tú consigues que esto
            pare de sangrar.

281. Capricho

Capricho
el del río que me trajo aquella caricia tuya

cuando
al cerrar mis ojos
y sumergiéndome en sus aguas

sentí el principio y el fin de la apariencia.

El recorrido de un río 
no nace en la cima ni muere en el mar.

Es entre tú y yo
donde el río llueve y donde hierve.

280. Hoy vi una golondrina

Hoy vi una golondrina
dibujada bajo una piedra.

La lancé al aire.



Por un instante 
a la piedra le nacieron alas y a la golondrina musgo en el pecho.

Fui yo el que pudo 
al fin volar

               cuando abandoné todas mis creencias.

279. Duermes

Duermes.


Y tu imagen
dormido.

278. Insensato


Insensato
botarate corazón
cede espacio o se ahogará tu lengua.

            Olvídate que amas,
            limítate a latir.

Trabaja
            no sueñes.

277. Cada uno tiene su manera

Cada uno tiene su manera.

La que a mí me funciona suena como un piano en la casa de enfrente a la una de la madrugada el dos de agosto de 2011.

Entonces en mí y en el piano
imagino las manos de quién es música
y entonces soy música y manos
y entonces estoy en mí y me lo digo dos veces.

En mí.
En mí.

En la música de ese piano alejado que me llega.
En las manos de esa música.




En mí.
En mí.

276. El doble fondo de la chistera es mi casa

El doble fondo de la chistera es mi casa.

Hay un conejo,
un ramo de flores plegado,
y una señorita partida en dos.

Aquí puedo hacer desaparecer edificios enteros
y traspasar la muralla china.

Puedo volar o flotar
permanecer varios minutos bajo el agua
y desprenderme de unas cadenas cerradas con miles de candados.

El doble fondo de la chistera es la mejor madriguera.

275. Llevo un yunque dorado


Llevo un yunque dorado en la espalda,
                                                sobre los hombros

el peso de tu voz susurrante,
                                                tu sonrisa de delfín mojado.

274. Me dejaré de morder las uñas

Me dejaré de morder  las uñas.

Me crecerán tanto tanto tanto

que podré metérmelas por la boca y rascarme el corazón.

273. Suelo

Suelo.

En el suelo.

Al suelo.

Suelo caerme.


Techo.

En el techo.

Al techo.

Techo caerme.


Pared.

En la pared.

A la pared.

Pared caerme.


Amor.

En el amor.

Al amor.

Amor caerme.


Etcétera.

En el etcétera.

Al etcétera.

Etcétera caerme.

272. Sacúdete de vez en cuando


Sacúdete de vez en cuando
las hebras del negro temblor,

aséate siempre
con luz de luna
antes del sueño.

271. Profundidad

Profundidad,
sencilla mirada al tuétano.

Dentro del hueso
soy dentro
                no hueso.

270. Quisiera compartir un secreto

Quisiera compartir un secreto:

Hoy me sentí mal cuando al llegar a casa mis manos seguían limpias.
¿No toqué nada?

Pasé por el día sin mezclarme.
Sin arriesgar nada.
                                              
                                             Qué pena.